Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en Argentina
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   » Entrepasados - 7 de mayo de 1998
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El Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina
Recuperar la memoria histórica de las clases subalternas

Los los torturados y los asesinados:
un gran fervor yaciente.
(Hablan desde la muerte, la otra faz de la vida.)
Los que hemos sufrido cárcel, destierro y hambre,
el relámpago gris del látigo en la espalda
y la bala cobarde.
Desde Plaza Lorea hasta la aurora oscura
de la Semana Trágica; desde los masacrados,
desde los enterrados vivos en la lejana
y áspera Patagonia de los cielos violentos.
Desde la Ley Marcial y la Tierra del Fuego
del año 30 a las sombrías horas
de los últimos tiempos largos como la muerte.
Raúl González Tuñón
Demanda contra el olvido

Introducción
Nuestro país exhibe -entre muchas otras- la siguiente paradoja: la vitalidad de sus movimientos populares, que se ha manifestado a lo largo de un siglo en su significativo peso social, activismo político, capacidad organizativa e institucional y riqueza cultural (desde el movimiento anarquista a fines del siglo pasado y comienzos del actual hasta la "nueva izquierda" de los años 70), no encuentra hoy expresión proporcional a su importancia en el terreno de los estudios históricos o políticos a ellos dedicados, sugiriendo que sus hilos de continuidad con el presente se han interrumpido. Desde luego, la discontinuidad institucional que ha sufrido la Argentina durante décadas, agravada por el terrorismo de Estado desplegado por el último régimen militar, ha tenido como una de sus consecuencias menos visibles, pero no por ello menos importantes, la fragilidad de su memoria histórica. Sin embargo, y aun sin recurrir al contraste con los países europeos, es posible señalar que en otros países de América Latina igualmente asolados por dictaduras militares (por ejemplo, Chile, Brasil o Uruguay) los recientes procesos de "transición democrática" se han mostrado fértiles para el estudio crítico y la consecuente apropiación de las experiencias populares del pasado, como lo revela la producción de una importante masa bibliográfica -tanto de matriz académica como política- concerniente a historias partidarias, biografías e historias de vida de dirigentes y militantes de diversas corrientes políticas, recopilaciones de fuentes, etc. Nada equivalente en cantidad o en calidad se ha producido recientemente en la Argentina. Como si aquellos alarmados discursos de la élite dirigente del `900 (que al caracterizar como "foráneas" y "exóticas" a las entonces nacientes ideologías e instituciones obreras buscaban situarlas como radicalmente extrañas a nuestra sociedad), discursos recreados una y otra vez desde entonces, finalmente hubiesen triunfado un siglo más tarde... Un síntoma de esta situación es que muchas de las obras publicadas más relevantes de los últimos quince o veinte años referidas a las luchas sociales, el movimiento obrero y las izquierdas de nuestro país fueron producidas por investigadores extranjeros (vgr. los trabajos de Oved y Zaragoza sobre anarquismo, Walter sobre socialismo, Gillespie y James sobre izquierda peronista, o Brennan sobre el "Cordobazo"). (1)

Si la agitada trayectoria de los movimientos populares argentinos, y de las corrientes ideológico-políticas que aspiraron a la vez a expresarlos y orientarlos, sigue constituyendo a nuestro juicio un gran estímulo intelectual, y si contamos con una valiosa tradición de elaboraciones militantes al respecto, los investigadores locales dispuestos a trabajar en estos temas se encuentran en nuestro medio, sin embargo, con una serie de pesados y casi insalvables obstáculos. Uno de los mayores es el del acceso a las fuentes gráficas, orales o fílmicas, o a las publicaciones políticas, sindicales y culturales vinculadas a las luchas sociales en el país. La debilidad o directamente carencia de políticas públicas consistentes orientadas a la protección del patrimonio histórico-cultural -lo que de por sí ya es toda una política de (des) memoria- se manifiesta, entre otros terrenos, en la inexistencia de hemerotecas o archivos públicos medianamente nutridos. Esta situación está severamente agravada en el caso que nos ocupa: cualquiera que pretenda reconstruir aspectos de la historia de las izquierdas o el movimiento obrero argentinos sabe que es más sensato emprender una investigación al respecto desde Roma, Amsterdam, Paris, Nueva York (o incluso desde Campinas, Brasil) que desde Buenos Aires, Córdoba o Rosario. A esto habría que sumar la ausencia de recopilaciones de fuentes: ediciones críticas de documentos de cada una de las corrientes políticas, antologías de los principales periódicos y revistas, guías hemerográficas, etc. (que, dado el lector potencial relativamente especializado al que podrían ir dirigidas inicialmente este tipo de publicaciones, requeriría de una política de subvenciones actualmente inexistente). Si -aun con la legalidad institucional vigente en los últimos tres lustros- los archivos de universidades y centros de estudios del país no se han concentrado en la búsqueda y preservación de estos materiales -que a menudo se destruyen o acaban en manos de coleccionistas o de centros de estudios del extranjero-, tampoco la izquierda partidaria promovió la investigación histórica por fuera de sus voceros oficiales. Pese a que algunos tramos de su historia es ya cosa de un pasado casi remoto, cada organización ha tendido a custodiar celosamente sus archivos, puestos a buen (o mal) resguardo del siempre "sospechoso" investigador independiente.

Como producto de esta suma de dificultades, cada estudioso local tiene por delante el doble trabajo de ir reuniendo en forma personal la documentación, en algunos casos apelando a la generosidad de los actores políticos eventualmente entrevistados en el curso de su investigación, en otros acudiendo a una afanosa búsqueda en librerías de viejo o en ferias de libros usados. Reconstruir nuestra rica cultura de izquierdas, ligada a una historia centenaria de luchas sociales, se ha convertido en un enorme trabajo de rompecabezas que, en ausencia de instituciones públicas que capitalicen sistemáticamente estos acervos, cada investigador debe recomenzar una y otra vez desde cero, con el sólo auxilio de un puñado de esforzadas iniciativas -ajenas a la órbita estatal- como las de la Federación Libertaria Argentina o la Biblioteca José Ingenieros para las fuentes anarquistas, la de la Biblioteca Juan B. Justo para las socialistas, o la Biblioteca Raúl González Tuñón para las comunistas.

La formación del CeDInCI
Ante este cuadro de situación, un grupo de particulares, muchos de ellos investigadores o ex-militantes de fuerzas políticas de izquierda, convencidos de que en una sociedad como la argentina ¾ atravesada por múltiples fracturas ¾ la memoria histórica adquiere una importancia política crucial, coincidió en la necesidad ético-política de promover la preservación y el estudio crítico de un sector insoslayable del patrimonio histórico-cultural de las clases subalternas, que involucra desde publicaciones especializadas hasta manifestaciones de la cultura popular (como diarios sindicales, estudiantiles, volantes, etc.), que corren el riesgo de perderse para siempre. El proyecto inicial consistió en transformar un rico archivo de publicaciones periódicas -de la Argentina y del mundo- ya existente, pero hasta entonces privado, reunido en forma personal y sin apoyo institucional ni político alguno durante más de quince años por Horacio Tarcus, en un centro abierto a investigadores e interesados. Se evaluó que el hecho de contar no ya con la biblioteca o el archivo virtual de un investigador privado, sino con un espacio físico abierto y público, donde ya existiría ab initio abundante material a disposición y personal idóneo en las tareas de rastrear, recibir y catalogar el nuevo material que se donara, contribuiría a que el centro se convirtiera progresivamente en un lugar de referencia sobre la cuestión. Se discutieron y definieron entonces una serie de objetivos centrales, que pueden resumirse en los siguientes: concentrar la mayor documentación reunida hasta ahora en el país en torno a nuestra cultura de izquierdas; sistematizar la búsqueda de otros materiales para ir completando los existentes; convocar a donantes, militantes políticos, sindicales, estudiantiles y/o investigadores, así como a todo tipo de poseedores de fuentes relativas al objeto del centro, para que colaboren en el esfuerzo de reunión de material (gráfico, oral, audiovisual, etc.); clasificar y catalogar debidamente todo el material, de acuerdo a las normas bibliotecológicas usuales; informatizar el catálogo según programas específicos en vigencia; asegurar la disponibilidad de medios técnicos para preservar y reproducir el material, en muchos casos único; difundir el acervo y las actividades del centro a través de la edición de catálogos y boletines periódicos; desarrollar metodología para la formación de recursos humanos capaces orientados a la búsqueda, preservación y catalogación del archivo; brindar un servicio de consulta adecuado para investigadores o público interesado en general, así como un servicio adicional de asesoramiento sobre todos aquellos materiales no disponibles en el centro, pero de los que se tuviera información fehaciente de que se pueden consultar en otros repositorios documentales; promover convenios con otras redes temáticas nacionales e internacionales; estimular el estudio y la investigación críticos y pluridisciplinarios sobre la base del material reunido, a través de investigadores propios o externos que escojan al centro como lugar de consulta o trabajo, por medio de convenios a establecerse con Universidades u otros centros de investigación afines; promover la edición de fuentes e investigaciones sobre la temática.

El archivo de publicaciones periódicas argentinas y extranjeras acopiado por el historiador Horacio Tarcus tuvo su punto de partida en las postrimerías de la última dictadura militar, lográndose reunir  publicaciones políticas y político-culturales que se salvaron de los saqueos de las fuerzas de seguridad y de la destrucción que en resguardo de sus vidas realizaban dolorosamente sus poseedores. Se sumaron así al archivo personal las primeras donaciones de particulares. Con la "transición democrática" la tarea de recolección continuó, comprobándose que buena parte de estas publicaciones -expresivas de muy diversas tradiciones de la izquierda y los movimientos populares argentinos- no se habían preservado en las hemerotecas públicas ni eran accesibles al investigador en los archivos, generalmente no públicos, de los partidos políticos. Se continuó enriqueciendo sustancialmente el acervo a través de compras en ferias o librerías de libros antiguos y de muchas e importantes donaciones de particulares, al punto de exceder ampliamente lo que en cualquier sentido puede entenderse como un archivo personal. Tanto por sus dimensiones -que pronto empezaron a escapar a las posibilidades de un manejo personal-, por los compromisos establecidos con los donantes (en el sentido de que permaneciese abierto), como por los múltiples investigadores que comenzaron a frecuentarlo, pasó imperceptiblemente a convertirse en una suerte de archivo público (sostenido en forma personal) (2).Todo el trabajo de compras, traslado, confección de bibliotecas, rastreo de archivos privados, pedidos de donación, clasificación y catalogación fue sostenido sin ningún tipo de apoyo institucional ni político. Desde el año 1994 trabajaron conjuntamente Horacio Tarcus y Jorge Cernadas -con la colaboración, hasta 1995, de María Cecilia Cangiano-en las tareas de clasificación y catalogación básica. A este acervo, ya de por sí considerable, se sumaron durante 1997 dos importantes adquisiciones. Por una parte, la biblioteca y hemeroteca que perteneciera al escritor y crítico Cayetano Córdova Iturburu -que incluye, entre otros, variados materiales referidos a la Guerra Civil española-, que entregó en custodia su hijo Fernando Córdova. Por otra, la compra del archivo que perteneció al militante sindical y político José Paniale, que reúne varios cientos de colecciones de revistas y periódicos, un millar de folletos y aproximadamente otros mil libros (actualmente en catalogación), en su mayoría publicados en las primeras cinco décadas de este siglo, compra financiada gracias a una colecta en la que participaron muchos miembros y amigos del centro aún en formación.

Para entonces, y dada la envergadura del material ya reunido, se decidió acelerar la constitución de una asociación civil sin fines de lucro, inscripta formalmente en la Inspección General de Justicia con el nombre de CeDInCI (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina)(3) y efectuar una segunda colecta con el fin de arrendar y acondicionar una sede adecuada para el Centro. En marzo de 1998, se alquiló una casa de planta baja en zona céntrica y de cómodo acceso, que dispone de hall de recepción, auditorio con cincuenta butacas, sala de lectura con capacidad para ocho personas, sala de biblioteca, hemeroteca y archivo, sala para tareas de gestión y catalogación, y un cuarto de depósito, todo ello acondicionado personalmente por los propios integrantes y amigos de esta iniciativa institucional. Gran parte del mobiliario, como también una computadora, un scanner, una lectora de microfichas y una fotocopiadora, fueron adquiridos a través de donaciones. Se procedió entonces a trasladar a esa sede la totalidad del archivo reunido hasta entonces, al que haremos referencia más detallada en la siguiente sección.

Las actividades del Centro
No creemos exagerado afirmar que el material reunido en el archivo del Centro, y puesto a disposición pública desde mayo pasado, es de consulta obligada para todos aquellos que deseen investigar sobre la agitada historia social, política y cultural contemporánea de nuestro país, como pueden testimoniarlo diversas personalidades, argentinas y extranjeras, del ámbito de la política, la universidad y la cultura, que conocen o han consultado su repertorio documental, o que en algunos casos han sido sus donantes. Aun a riesgo de incurrir en cierta aridez, una breve descripción del mismo resulta indispensable para dar idea aproximada de su riqueza. Buena parte de las colecciones de publicaciones periódicas están completas, y en otras se avanza en el trabajo de búsqueda para completar los vacíos, mediante compras, canjes o pedidos de donación. En una sintética aproximación cuantitativa, puede decirse que el archivo cuenta con:

a) alrededor de 400 colecciones de revistas culturales y político-culturales argentinas, desde Martín Fierro hasta revistas de reciente aparición. Muchas de estas colecciones son de muy difícil acceso y, en algunos casos, únicas. Por ejemplo, se dispone de valiosas publicaciones de los años `20, `30 y `40, como Babel, Claridad, Columna, Cursos y Conferencias, Inicial, Valoraciones, Izquierda, Dialéctica, Contra, Expresión y Realidad. Para el "período dorado" de las revistas culturales argentinas (1951-1975), se han reunido 150 colecciones -algunas de ellas muy raras-, incluidas Centro, Contorno, Cuadernos de cultura, Gaceta Literaria, Hoy en la Cultura, El grillo de papel, El escarabajo de oro, Cuestiones de filosofía, Fichas, Eco contemporáneo, Kairós, Pasado y Presente, La rosa blindada, Cristianismo y revolución, Los libros, Nuevos aires, Envido, El barrilete, Antropología del Tercer Mundo y Crisis . También de enorme valor es el acervo de publicaciones culturales editadas bajo la última dictadura militar (que asciende a 86 títulos), muchas de ellas de precaria existencia, pero que constituyen un conjunto de enorme significación político-cultural dadas las difíciles condiciones de su producción y circulación: Contexto, Cuadernos del camino, Icaria, Nova-Arte, Poddema, Suburbio, Praxis, Punto de vista, Sitio, etc.

b) alrededor de 750 colecciones de publicaciones periódicas políticas argentinas, incluyendo 300 colecciones de revistas (desde las más antiguas de orientación anarquista y socialista hasta aquellas actualmente en curso de publicación) y 450 colecciones de periódicos, desde La Vanguardia y La Protesta a las publicaciones políticas actuales. Organizadas en torno a grandes tradiciones ideológico-políticas, se dispone de publicaciones anarquistas como Suplemento de La Protesta, Timón, Reconstruir y Spartacus (del cual, hasta donde se tiene conocimiento, sólo existían disponibles hasta ahora dos números en el Instituto de Historia Social de Amsterdam); socialistas, como La Internacional (Revista Socialista), Humanidad nueva, Crítica Social, Revista socialista, Argentina libre o los Anuarios; comunistas (o de organismos colaterales), como La Internacional, Documentos del Progreso, Revista de Oriente, Compañerito, Soviet, Bandera roja, Orientación, Nuestra palabra, Propósitos o Nueva Era; publicaciones de escisiones del partido comunista como las inhallables La Chispa y Adelante (5) de los años `20, Clase obrera y Qué hacer por la nación y el socialismo ; trotskistas, como Tribuna leninista, Nueva etapa, Inicial, La nueva Internacional, Lucha obrera, Frente obrero, Boletín de discusión del G.O.M., Frente proletario, Baluarte, Liberación nacional y social, Avanzada socialista, Solidaridad socialista, Política obrera y Prensa obrera; de la "izquierda nacional", como Frente obrero (2da. etapa), Octubre, Izquierda nacional y Lucha obrera; de las diversas corrientes de la "nueva izquierda" post-peronista, como Revolución, Movimiento, Liberación, Revista de problemas del Tercer Mundo, No transar, Nueva Hora o Confluencia revolucionaria por la patria socialista; de la izquierda peronista, como Trinchera de la JP, Compañero, Militancia, El descamisado, Ya, La causa peronista o el diario Noticias. Puede afirmarse que las colecciones relativas al comunismo, el trotskismo y la "nueva izquierda" argentinos son de singular valor, y probablemente las más completas del mundo. Aunque disponibles en menor cantidad, también revisten interés colecciones de publicaciones radicales como la revista Hechos e Ideas, desarrollistas como Qué, liberales como El gorila, nacionalistas como Azul y blanco, filo-fascistas como Pampero, Crisol y Nuevo Orden , o católicas como Criterio. Se dispone también de interesantes y sumamente raras publicaciones político-estudiantiles de los años `20 y `30, como Insurrexit o Flecha; publicaciones sindicales como CGT y USA (de los años `30), CGT (de la CGT de los Argentinos), y el archivo microfichado del SITRAC (Sindicato de Trabajadores de Concord) -generosamente donado por Susana Fiorito, de la Fundación Pedro Milesi. Publicaciones político-periodísticas como Primera Plana, Cuestionario, Humor o El periodista de Buenos Aires se disponen en colecciones casi completas.

c) aproximadamente 200 colecciones de revistas políticas y culturales extranjeras, clasificadas y actualmente en curso de catalogación. Aunque no siempre completas, huelga destacar la significación de muchas de estas colecciones en un país como la Argentina, una de cuyas marcas de identidad ha sido históricamente su amplia apertura a la circulación de bienes ideológicos y culturales provenientes de otras sociedades. Así, por ejemplo, en el caso del socialismo, del comunismo, del trotskismo y de la "nueva izquierda", a las publicaciones locales se suman las sudamericanas e internacionales que les sirvieron de referentes. De modo que quien desee investigar los primeros pasos del socialismo argentino puede contar con valiosos ejemplares de Critica Sociale y Le Devenir Social de la década de 1890, o aquel que pretenda analizar seriamente la trayectoria del comunismo local, consultar colecciones muy escasas en el mundo, como La Correspondencia Sudamericana (6), El trabajador latinoamericano y L`Internationale Communiste, o influyentes revistas ligadas a los grandes partidos comunistas europeos como Cahiers du bolchevisme, La nouvelle critique, Rinascita o Critica Marxista . El nutrido material trotskista argentino de los años `30, a su vez, puede ser leído a la luz de las primeras publicaciones de la Oposición de Izquierda a nivel internacional (especialmente Estados Unidos, Francia, España, y resto de Latinoamérica), contándose inclusive con 18 ejemplares del Boletín de la Oposición trotskista soviética, editado en ruso, de fines de los años `30. Las abundantes publicaciones locales de la "nueva izquierda" también pueden ser leídas en relación con muchas de las principales revistas de la "nueva izquierda" político-intelectual internacional, como Les Temps Modernes, Il Manifesto, The Socialist Register, Monthly Review o El viejo topo , o latinoamericana, como Pensamiento Crítico , Casa de las Américas y Bohemia (Cuba), Eco (Colombia) y Cuadernos de Marcha (Uruguay).

d) aproximadamente un millar de folletos y documentos partidarios (públicos e internos), clasificados por autor y/o por tradición ideológico-política, y cerca de dos mil doscientos libros políticos (en proceso de catalogación), incluyendo ediciones locales y extranjeras de clásicos del pensamiento socialista, teoría económica marxista, revolución rusa y evolución del sistema soviético, procesos revolucionarios en los países periféricos de Asia, África y América Latina, etc. Se dispone asimismo de producción literaria de ficción y testimonial clásica, sumamente útil para la reconstrucción del universo cultural de las diversas tradiciones de izquierda (por ejemplo, la novelística de Romain Rolland, o la de Henri Barbusse).

e) 40 cajas de archivo con diarios, revistas y recortes de prensa clasificados temáticamente (vgr.: Revolución Argentina y "Cordobazo", golpe de estado de 1976, lucha por los derechos humanos, posición de intelectuales argentinos ante coyunturas clave, etc.).

f) aproximadamente quinientos volantes políticos ; un centenar de fotografías ; cuarenta afiches políticos; ochenta cassettes conteniendo entrevistas a personalidades políticas o mensajes políticos; una cantidad limitada de correspondencia (original o fotocopiada) y de manuscritos de dirigentes políticos, y boletas electorales , materiales en su mayoría aún sin catalogar o sin clasificar, según los casos. Puede señalarse que parte de ellos complementan la colección de diarios, revistas, volantes y octavillas aparecidos en torno al agudo debate político que acompañó la emergencia del peronismo (1944-1946), particularmente completa y original. De una envergadura similar en cuanto a cantidad y variedad de fuentes es el material referido al período de intensa activación social y política de fines de los años `60 y comienzos de los `70.

Sin desconocer la importancia de algunas bibliotecas o hemerotecas especializadas (las locales, ya mencionadas, y algunas extranjeras como el Instituto de Historia Social de Amsterdam en lo referente a publicaciones anarquistas, o el CERMTRI de París en cuanto a publicaciones de orientación trotskista), destacamos el interés de un centro donde pueden ser consultadas muchas de las más relevantes publicaciones de la totalidad del variado espectro de la izquierda argentina, e incluso de otras tradiciones ideológico-políticas locales. Esta amplitud de registro posibilita, por ejemplo, la consulta y el estudio simultáneo de publicaciones de diverso tinte político que han sido contemporáneas entre sí, y cuya significación -dada la dinámica eminentemente relacional del campo político-ideológico- a menudo sólo se revela a través de la comparación. Con su concentración en un mismo lugar físico se procura evitar, asimismo, la constante (y a veces infructuosa) peregrinación a que suelen verse obligados nuestros investigadores.

Debe señalarse que muchos de los donantes son, o han sido, activistas políticos, sindicales, personalidades del ámbito de la cultura o investigadores de reconocida trayectoria en nuestro país. (7) Las sucesivas colectas que permitieron la adquisición del archivo José Paniale y el posterior alquiler y acondicionamiento de la sede del Centro contaron con el generoso apoyo de  miembros y amigos del Centro. (8)

Actualmente, y pese a la escasez de recursos materiales, se llevan adelante tareas de atención y asesoramiento gratuitos, dos días a la semana, de las consultas de los interesados -desde comienzos de mayo de 1998 se han atendido cerca de doscientas consultas de estudiosos argentinos y extranjeros-; también la recepción, catalogación y puesta a disposición del público del material disponible y de las más de treinta donaciones recibidas desde la apertura del Centro, tareas a cargo de Horacio Tarcus, Jorge Cernadas, Gabriel Glasman, Roberto Pittaluga, José Omar Acha, Guillermo Korn, Ana Longoni y Javier Fernández Míguez, y en las que también han participado Victoria Basualdo, Gustavo Naimo, Laura Erlich y Débora D´Antonio. Asimismo, Fernando López y Graciela Karababikian colaboran en tareas de digitalización de materiales muy raros o deteriorados.

El CeDInCI, apenas abierta su sede, se asoció a REMOS, la única red existente en el país que vincula bibliotecas y archivos relativos al movimiento obrero y la izquierda, y se establecieron acuerdos institucionales con la Biblioteca Nacional, la Fundación Pedro Milesi (Córdoba), la  Biblioteca Popular José Ingenieros, la Federación Libertaria Argentina, la Biblioteca Raúl González Tuñón, y la Casa de Estudios del Socialismo SUR (Lima, Perú). Asimismo, se editó Políticas de la Memoria , Boletín del CeDInCI nº1  (junio de 1998), con información institucional; se pusieron en marcha un ciclo de conferencias-debate sobre "Tradiciones políticas y culturales de la izquierda argentina", que reúne a numerosos investigadores y actores de las mismas (9); otro ciclo, denominado "Nuevos combates por la Historia", de exposiciones y debates actuales sobre teoría y metodología de la Historia (10); un seminario sobre "Teoría de la ideología y subjetividad" (11), y un taller de lectura y evaluación crítica de El capital (12).

Por último, el Centro, desprovisto de subsidios o financiamiento de carácter público o privado y con la totalidad de su personal ad-honorem, convocó a una suscripción de socios adherentes  (los que a la fecha ascienden a 80), gracias a cuyos aportes ha sido posible hasta ahora cubrir los gastos esenciales para mantener su actividad.

El futuro de una iniciativa político-cultural
Creemos que lo expuesto hasta aquí es revelador de cuánto puede hacerse en el terreno escogido por el Centro, si se concibe a las luchas del pasado no como algo inerte, o -peor aún- como un lastre del que más vale desprenderse como de un mal sueño, sino como una condición para la construcción colectiva del sentido del presente, y también de algún futuro deseado. Lo realizado hasta ahora, al mismo tiempo que abre la posibilidad de encarar tareas aún más vastas y ambiciosas de preservación de un fragmento significativo del patrimonio histórico-cultural de nuestro pueblo, permite también vislumbrar mejor la multiplicidad y dificultades que aquéllas entrañan. Seguramente, el futuro de la iniciativa cuya trayectoria hemos relatado estará sujeto a diversos condicionantes, y en esta etapa especialmente a dos: la posibilidad de mantener y potenciar la disposición ético-política que estuvo en sus orígenes y en su cristalización actual, y la superación de la estrechez de recursos en que ha debido desenvolverse hasta ahora -por ejemplo,  a través de la ampliación del número de socios, de la regularidad de sus aportes, y/o de subsidios de diverso tipo-. Superar ambos condicionantes dependerá en parte, a su vez, de poder avanzar en una secuencia de pasos que no sólo desarrollen lo realizado hasta hoy en el Centro, sino que también estimulen el despliegue de iniciativas similares en otros ámbitos (si se comparte el criterio de que materiales destinados originariamente, por su propia naturaleza, al debate público , no deberían -por efecto de la desidia, el recelo "académico" o político, o la creciente taylorización y mercantilización de las condiciones de producción del conocimiento de lo social- privatizarse, de derecho o de hecho). Esos pasos incluyen el completamiento y actualización del proceso de catalogación del material (actualmente realizado en un 80 % ) y su informatización; reproducción en soportes adecuados de materiales especialmente raros (y en algunos casos, únicos) o deteriorados, para asegurar su consulta y preservación; edición de un catálogo completo en diversos soportes y su distribución y difusión, de un boletín de información cuatrimestral (que incluya tanto información institucional cuanto novedades de archivo), y de compilaciones de fuentes e investigaciones relativas al objeto del Centro; completamiento y ampliación de los repositorios documentales disponibles (incluyendo, por ejemplo, el planeamiento y desarrollo de programas de historia oral, gráfica, etc.); ampliación y consolidación de los acuerdos con instituciones y redes locales y extranjeras afines; extensión del horario de atención al público; promoción de actividades propias de difusión y extensión y de investigación, y realización de eventos ligados a las mismas; remuneración básica para el personal comprometido en la gestión cotidiana del Centro; mejoramiento y ampliación de la infraestructura y los recursos tecnológicos disponibles (vgr.: estanterías y archiveros, materiales básicos para reencuadernación y preservación, computadora de última generación con los soportes informáticos correspondientes, grabadora de CD, impresora láser, lectora de microfilm, etc.). Dichos pasos deberán estar sujetos a monitoreo, sobre la base del registro y relevamiento de variables comprobables.

Si se piensa que en sólo cinco meses de apertura formal al público casi medio millar de interesados (investigadores, estudiantes, militantes o ex-militantes, etc.) han participado en alguna de las actividades del Centro (consulta de sus repertorios documentales o bibliográficos, seminarios y taller, ciclos de conferencias-debate, etc.), que estudiosos e intelectuales argentinos y extranjeros han hallado allí documentos larga y a menudo infructuosamente buscados, o que muchos jóvenes investigadores se acercan para fundamentar sus tesis con fuentes recién ahora disponibles, es posible hacerse una idea de la contribución que el Centro -e iniciativas similares, actuales o futuras- pretende realizar al por definición siempre abierto debate acerca de nuestro pasado y nuestro presente.

1- A nivel local, después de los esfuerzos de las historias militantes en las primeras décadas del siglo, la historiografía académica abrió cierto espacio, a partir de los años 60, a los estudios sobre la clase obrera argentina. En los 80 y 90 el interés académico se reorientó a lo que un tanto difusamente dio en llamarse los "sectores populares",  con trabajos generalmente referidos a las últimas décadas del siglo pasado y primeras del actual, que casi siempre plantean -explícita o implícitamente- una escisión entre la experiencia social y la experiencia política de los movimientos populares. Excepciones a esta corriente de interpretación -y por fuera de ella-, son los trabajos que, desde diversas perspectivas teóricas e interpretativas, realizaron  autores como Edgardo Bilsky, Hugo del Campo o Juan Carlos Torre. Como orientación bibliográfica general y  balance de esta literatura, pueden consultarse: Gutiérrez, Leandro/Romero, Luis A., "Los sectores populares y el movimiento obrero: un balance historiográfico", en Sectores populares. Cultura y política , Buenos Aires, Sudamericana, 1995; Cangiano, María C., "¿Clase obrera o trabajadores?", en Desarrollo Económico , nº 131, oct.-dic. 1993; Lobato, Mirta/Suriano, Juan, "Trabajadores y movimiento obrero. Entre la crisis de los paradigmas y la profesionalización del historiador", en Entrepasados , nº 4/5, fines 1993. Un tratamiento más extenso de algunas ideas planteadas en esta Introducción puede hallarse en Cernadas, J./ Pittaluga, R./ Tarcus, H., "Para una historia de la izquierda en la Argentina. Reflexiones preliminares", en El Rodaballo , nº 6/7, otoño-invierno de 1997.

2- Baste señalar que alrededor de doscientos estudiantes e investigadores (entre ellos Silvia Sigal, Carlos Altamirano, Eduardo Jozami, Cecilia Luvecce, Edgardo Bilsky, Miriam Crivelli, Tomás Abraham, Eduardo Anguita y Martín Caparrós, María Pía López y Guillermo Korn, Mariano Plotkin, Mariano Mestman, Juan José Sebreli, Néstor Kohan, Roxana Patiño, Joel Horowitz, etc.) examinaron sus fondos documentales en el curso de los últimos años.

3- El CeDInCI está constituido por los siguientes socios: Horacio Tarcus; Jorge Cernadas; Roberto Pittaluga; Blas de Santos; Silvina Feeney; Gabriela Frontini; Martha Rosenberg; Gabriel Glasman; Silvia Vicente; Alejandro Zelesnak; Ana Longoni; Claudio Meschini; Sergio Pittaluga; Mariano Mestman; Irene Muñoz; Alberto Teszkiewicz; Alejandro Raiter. Son socios honorarios del CeDInCI: Alfredo Alonso, Osvaldo Bayer, Alberto Belloni, Enrique Israel, José Luis Mangieri, Enrique Oteiza, León Rozitchner, Susana Fiorito, José Vazeilles y David Viñas.

4- Participaron en las tareas de acondicionamiento de la sede, entre otros, Ezequiel Adamovsky, Martín Bergel, Jorge Cernadas, Blas de Santos, Lila de Santos, Silvina Feeney, Sergio Galiana, Pablo Gilabert, Gabriel Glasman,  Raúl Herjo, Guillermo Korn, Ana Longoni, Carla Maglio, Alejandra Manini, Claudio Meschini, Alejandra Oberti, Roberto Pittaluga, Martha Rosenberg, Horacio Tarcus, Juan Marcos Ventura, Guillermo Vivaldo, Alejandro Zelesnak, Irene Zurita.

5- La Chispa fue el órgano oficial del Partido Comunista Obrero mientras éste existió, entre 1926 y 1929, mientras que Adelante lo fue del Partido Comunista de la Región Argentina (luego República Argentina) entre 1928 y 1930. Cabe destacar que la colección de La Chispa es la única que hasta ahora ha podido ser hallada; del periódico Adelante existe sólo otra colección disponible en la Biblioteca Raúl González Tuñón.

6- Por ejemplo, en su documentado trabajo La internacional comunista y la revolución latinoamericana , Caracas, Nueva Sociedad, 1987, Manuel Caballero, refiriéndose a esta publicación, afirma que "la única colección completa conocidad hasta ahora está en el Archivio Storico del Movimento Operaio Brasiliano , en los archivos de Astrojildo Pereira, en Milán" (p. 237).  Esto da una pauta de la importancia del material disponible.

7- Ellos son: Alfredo Alonso, José Aricó, Ricardo Aronskind, Eduardo Baird, Roberto Baschetti, Jorge Boccanera,  Jorge Boido, Carlos A. Brocato, Pierre Broué, María Caldelari, Juan Carlos Cena, Jorge Cernadas, Juan Carlos Cesarini, Carlos Chiavarino, Blas de Santos, Hernán Díaz, Christian Ferrer, Manuel Fossa, Gisela Frechou, Julio Frydenberg, Roberto Fuld, Gilou García Reynoso, Patricio Geli, Ariel Ghizzardi, Pablo Gilabert, Gabriel Glasman, Ramiro González Gainza, Alejandro Grimson, Eduardo Grüner, Juan Hernández, Norberto Inacio, Nicolás Iñigo Carrera, Liborio Justo, Néstor Kohan, Alberto Kohen, Guillermo Korn, Jorge Labraña, Horacio Lagar, Alejandro Lasalle, Hebe de Levene; Edgardo Logiúdice, Ana Longoni, José Luis Mangieri, Cristina Mateu, Ignacio Moiraghi, Enrique Oteiza, Hernán Páez, Marta Palomares, Elsa Pereyra, Hinde Pomeraniec, Juan Carlos Portantiero, Beatriz Rajland, Martha Rosenberg, Fernando Sánchez, José Sazbón, Carlos Schonfeld, Jorge Schvarzer, Juan José Sebreli, María Seoane, Fivalier Seras, Eduardo Sigal, Francisco Sobrino, Alberto Teskiewicz, Samuel Tieffenberg, Mauricio Turkieh, Guillermo Vivaldo, Adriana Yurcovich, además de diez donantes anónimos. También se recibieron donaciones de la Editorial Antídoto, Tesis 11, la revista Entrepasados, OSL Caín, la Biblioteca Popular "José Ingenieros" y de diversas agrupaciones políticas.

8- Entre ellos Pablo Abritta, Ezequiel Adamovsky, Jorge Cernadas, Noemí Charlier, Blas de Santos, Gabriela Frontini, Roberto Fuld, Gabriel Glasman, Gregorio Haierabedian, Aníbal Ilguisonis, Anabela Lacreu, Irene Muñoz, Elsa Pereyra, Alejandro Raiter, María Ester Rapalo, Guillermo Robledo, Rubén Saferstein, Abraham Satchman, Carlos Schonfeld, María Seoane, Alberto Teskiewicz, María Cristina Tortti. Los escribanos Edgardo Logiúdice y Gregorio Haierabedian colaboraron desinteresadamente en el asesoramiento legal y en las gestiones para la inscripción del Centro en la Inspección General de Justicia.

9- Entre ellos Osvaldo Bayer, David Viñas, Dora Barrancos, Juan Suriano, María Cristina Tortti, Patricio Geli, Liliana Cattáneo, Nicolás Iñigo Carrera, Horacio Tarcus, León Rozitchner, Roberto Baschetti, Néstor Kohan, Gabriel Rot, Claudia Gilman, José Vazeilles, Susana Fiorito, José Luis Mangieri, Horacio González, Christian Ferrer, José Fernández Vega, Luis Mattini, etc.)

10- Del que participan Ignacio Lewkowicz, Javier Trímboli, Ezequiel Adamovsky, Carlos Astarita, José Omar Acha, Gastón Burucúa, Juan Hernández, Gabriel Di Meglio, Pablo Palomino, Marcelo Campagno y Sergio Wischñevsky.

11- Seminario a cargo de Blas de Santos y Eduardo Grüner, con lecturas de Marx, Freud, Lukács, Gramsci, Sartre, Althusser, Jameson, Eagleton, Laclau y Zizek.

12- Taller a cargo de Juan Iñigo Carrera y Luis Denari.