» Revista Acción - Octubre de 1998

Una tradición argentina

Historiador, profesor en las facultades de Filosofía y Letras y Ciencias Sociales de la UBA, Horacio Tarcus es un apasionado investigador de la izquierda argentina, una vasta cuestión sobre la que a menudo escribe en diarios como Clarín o en su propia revista El Rodaballo, que codirige con Blas de Santos, y a la que está dedicado su libro El marxismo olvidado en la Argentina: Silvio Frondizi y Milcíades Peña. Desde abril pasado, además, dirige el Centro de Documentación e Investigaciones de la Izquierda (CeDInCI), que desarrolla sus actividades en un local del barrio porteño de Abasto.

-El CeDInCI fue creado a partir de tu propia colección de materiales de la izquierda. ¿De dónde viene esa pasion coleccionista?

-Yo era el típico pibe que juntaba figuritas, después estampillas, después hice mis colecciones de revistas y finalmente pasé a los libros y las revistas políticas. Pero lo que me hizo persistir fue encontrarme con que este tipo de materiales no se preservaba, no sólo en las bibliotecas públicas o en las de la Universidad: mucha gente destruyó sus archivos durante el Proceso, o los guardó bajo siete llaves en el mejor de los casos. Comencé a armar estas colecciones para preservarlas de que las fueran a tirar, y también comprando, recorriendo ferias, librerías de viejo, recibiendo donaciones, entrevistando viejos militantes. "Yo tengo esto", me dicen, "téngalo usted, sé que lo va a preservar mejor que yo". Generar en un viejo militante el espíritu de legado para mí es muy importante. Creo que hay que recuperar este sentido de legado, porque la gente tiene sus razones para no desprenderse de sus cosas, no siente que las instituciones públicas garanticen esa continuidad y esa apertura.

-¿Cómo se siente un militante que da al Centro sus materiales políficos ?

-Muy bien. Antes era habitual que un viejo militante donara su bliblioteca al partido, pero la crisis de los pa­tidos políticos en todas sus manifestaciones rompió esa tradición. Hay mucho material perdido por prejuicios, además de la destrucción que se produjo en los años del Proceso, cuando se "limpiaron" archivos y bibliotecas y hubo quemas de libros. La idea que de algún modo me animó a lanzarme en este proyecto era mostrar que la cultura de izquierda en nuestro país no fue una flor exótica que el golpe del 76 arrancó: sería impensable la cultura argentina sin la dimensión de la cultura de izquierda. Sin ese aporte de la izquierda sería impensable el desarrollo científico y artístico que tuvo nuestro país: el teatro, la poesía, la novelística, el pensamiento político, la vida cotidiana, la vida de relación, los barios, las bibliotecas populares. El CeDInCI es una forma de decir que todo eso existe, se produjo en nuestro país, tuvo gravitación.

-¿Qué tipo de gravitación?

-Hubo publicaciones muy importantes. La revista Claridad tiraba diez mil ejemplares cada quince días. Los periódicos La Protesta, La Vanguardia, La Internaciona , en determinado momento fueron diarios. La Protesta tenía un suplemento cultural semanal en el que escribían grandes plumas, con una gráfica de avanzada para la época. Reproducían la mejor literatura que circulaba, mucha literatura francesa, mucha plástica del expresionismo alemán. Era un sacrificio editarlas, y además estaban muy integrados los que las hacían, los escritores que publicaban ahí, los tra ductores, los políticos, los editores, los lectores, los libreros, la gente que solventaba el periódico con su cotización o sus cuotas. No era una suma de individualidades, era una trama cultural y política muy profunda.

-Algo que llama la atención en el Centro es que están compartiendo un mismo espacio personas que en la práctica política estaban distanciados.

-Eso fue otra apuesta. Están en un lugar en el que de hecho estuvieron siempre, aunque no lo percibían así. Con las profundas derrotas que vivieron los trabajadores y los sectores populares a escala mundial está más claro: los derrotados, los que sufrieron el golpe fueron el conjunto de los sectores de izquierda, en distinto grado, pero ninguno se benefició. La apuesta es avanzar en el balance: esto no es un museo de la izquierda, no hacemos un culto del pasado. Lo que decimos es que no se va a poder avanzar en el campo social, cultural y político del presente sin hacer un ajuste de cuentas. Lo bueno es que todo lo que existió esté disponible y poder conocerlo, aprender de los méritos y de los errores. Hay una apuesta política, no en el sentido partidista, a que esto sea tomado por sectores nuevos.

-¿Se puede decir que el pensamiento de izquierda le faltó autonomía? ¿O, por el contrario, tuvo un gran desarrollo y por eso, en gran parte, se desata la gran represión del '76?

-La tragedia del pensamiento de izquierda argentino fue su desencuentro con los partidos. En todas sus vertientes, los partidos pensaron en los intelectuales ante todo como compañeros de ruta o como ilustradores de la línea, y en general los intelectuales más lúcidos, más críticos, tuvieron conflictos con las organizaciones de izquierda. O no fueron militantes orgánicos o se los expulsaba. Rodolfo Puiggrós no cabe dentro del Partido Comunista, Milcíades Peña no cabe dentro de una organización trotskista, Rodolfo Walsh no cabe exactamente dentro de Montoneros. Deodoro Roca es un tipo con amigos en el Partido Comunista y el Partido Socialista, y publica en los años ´30 un elogio de Trotsky. Aníbal Ponce no fue un afiliado al PC como se cree, José Ingenieros fue un tipo independiente que tenía relaciones tensas con los partidos. Hay un gran desencuentro entre la izquierda política y la izquierda intelectual, que en los '70 parecía haberse saldado y hoy vemos que no.

-¿No se saldó de alguna manera?

-No. Por eso es importante volver sobre estas cuestiones: no estoy tratando de sacar conclusiones a favor de la independencia y contra los partidos sino quiero pensar por qué existe ese desencuentro, que tiene mucho de tragedia. En los partidos se condenaban las vanguardias artísticas, se condenaban ciertos estilos de escritura. Hay un momento en que se empieza a degradar la idea de que es necesario llevar al pueblo la mejor literatura, el mejor arte, elevar el nivel.

-¿Cómo contribuiría a reelaborar todo eso el CeDInCl?

-Hoy el Centro es una biblioteca, una hemeroteca y un archivo. Arededor de lo que tenemos se desarrolla una serie de trabajos de catalogación, de lectura crítica, y además, debates, seminarios y cursos que son el punto de partida para armar un Centro de Investigación como quisiéramos. Un modelo que me gusta es el Taller de Historia, de Inglaterra, que también reúne documentación, y además tiene como propuesta construir una historia desde abajo, desde una mirada desde los trabajadores, de modo que la historia que nosotros tomamos de los propios trabajadores, de los propios militantes, vuelva a ellos. Esto significa abrir un espacio no sólo para el investigador académico sino también para ese militante. Creo que es necesario escribir historia con todos los recursos teóricos y metodológicos, pero además hay que estimular al militante pues tiene una experiencia.

-¿Y, con todo ese panorama histórico, cómo ves el pensamiento de izquierda actual?

-Pareciera que toda la diversidad, la riqueza y la potencialidad de ese pensamiento se fue angostando, aplastando, hacia un pensamiento pobre, consignista, sin imaginación. Hubo una gran crisis que en últma instancia fue una crisis política, una crisis histórica. Si queremos armar un Centro de Izquierda es porque no podemos glosar ni repetir la experiencia anterior. Quisiera que desde el presente recuperáramos un pensamiento crítico y al mismo tiempo mirar hacia el futuro. ¿Todo fue sometimiento, genuflexión, ilustración de la línea oficial? ¿O también hubo pensamiento crítico, hubo ideas? Aquí hubo una tradición muy rica. Puede servir como base de algún tipo de refundación pero la necesidad es la reapropiación crítica, no una recuperación melancólica. Tiene que ver con una apuesta a que otro pensamiento de izquierda es posible en la Argentina.